Para Leandra
Estaba sentada en esos bancos de a tres, en un pasillo
acristalado de una clínica aguardando la confirmación de mi desconfiada salud,
por suerte estaba tu libro el de los malaquias, y leí algo de dos que hacen sus
tareas diarias siguiendo una recorrido rítmico coreográfico, que me salvó de la
ridiculez de estar allí en ese tiempo vacío, y me conectó con algo que estaba
por ahí en el aire por ahí en el libro por ahí eras vos ayudándome a que siga
buscando y siga confiando en lo que aparece cuando no hay nada, en eso que esta
ahí, esperando encontrarse conmigo.
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